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Nombre
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Artículo
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Boleto
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Parroquia
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Fausta Guzmán
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Biblia
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5964
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Villa Elisa
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Inoelia Báez
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Biblia
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0117
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Loma de Cabrera
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Dilenia Inoa
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Biblia
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3384
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Catedral
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Confesora
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Abanico
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1154
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Villa Los Almácigos
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Kelvin Madera
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Abanico
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5471
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Amina
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Sociedad F. M.
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Abanico
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5524
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Las Matas.
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Irene Torres
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Licuadora
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5765
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Hatillo Palma
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Ángel Hernández
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Licuadora
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2719
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Esperanza
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Cecilia Mezquita
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Licuadora
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2757
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Monción
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Reina Durán
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Radio de Pilas
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5462
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Amina
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Trinidad Tavares
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Radio de Pilas
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4003
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Laguna Salada
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Margarita Rodríguez
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Plancha
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1777
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El Pino
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Rafael Castro
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Plancha
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0997
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Villa Vásquez
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Jorge Rodríguez
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Plancha
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2330
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Cristo Rey
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Josefina Suero
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Televisor
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4582
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Guayubín
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Elsa Rodríguez
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Televisor
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3810
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Catedral
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Enriqueta M. Torres
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Estufa de Mesa
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5299
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Cana Chapetón
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Lissett Chávez
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Estufa de Mesa
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3990
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Laguna Salada
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Alida Infante
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Estufa de Horno
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5361
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Guatapanal
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Josefina Madera
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Lavadora
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2534
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Monción
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Yuberkis Fernández
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Lavadora
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2273
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Cristo Rey
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Emilia Santana
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Nevera
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3703
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Guatapanal
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Carmen R. Rodríguez
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Nevera
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4775
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Guayubín
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lunes, 26 de mayo de 2014
Ganadores del Tombolazo "Por amor a mi sacerdote"
miércoles, 5 de marzo de 2014
Homilía del Miércoles de Cenizas
Homilía del Miércoles de Cenizas
Hermanos y Hermanas
llegamos al Miércoles de Cenizas, con este día iniciamos la Cuaresma. La
Cuaresma son 40 días de oración, de ayuno, de limosna, de sacrificios, de
intensidad… El papa Francisco en el mensaje que nos dirige para esta Cuaresma
2014 nos dice: Dios “se hizo pobre para
enriquecernos con su pobreza” (Cfr. 2 Cor 8,9).
La pobreza nos
libera, nos comunica la mayor riqueza de Dios: Cristo. La señal de la cruz con
cenizas nos devuelve a la pobreza. La persona humana busca la riqueza material,
quiere salir de la pobreza de marginación social, exclusión y explotación del
mundo materialista. Pero la búsqueda de la riqueza material no da al hombre la
verdadera alegría. El papa Francisco nos dice “No vivir como hijos de Dios, no vivir como hermanos en Cristo, esas
son las verdaderas miserias del hombre y de la mujer de hoy”. Este mensaje
entra en sintonía con el Profesa Joel, no son las vestiduras que hay que
rasgar, es el corazón. Es dejar de vivir de apariencias, y vivir una fe auténtica,
una fe intensa.
Nuestras actitudes
demuestran grandes miserias. Miserias en nuestra relación con Dios, miserias en
nuestra relación con los demás y miserias en nuestra relación consigo mismo.
Por todos es sabido
que los atletas aumentan la intensidad para obtener mejores resultados, así en
esta cuaresma vamos a aumentar la intensidad de la oración, de la limosna y del
ayuno para mejorar las miserias de nuestra vida. Con estos tres ejercicios
podemos vivir la intensidad de nuestra vida cristiana.
Ø La oración: La oración nos ayuda a mejorar nuestra miseria de relación con Dios. Jesús
nos invita a orar, y nos da el elemento esencial de toda oración: la
autenticidad. “Cuando vayas a orar entra
a tu cuarto”, busca lo secreto y tu Padre está en lo secreto. Dios está en
lo escondido: Sagrario, Rosario, Vía Crucis, etc. La oración nos descubre la
profundidad de Dios. Intensifiquemos la oración como nuestro primer ejercicio
de Cuaresma.
Ø La limosna: La limosna nos ayuda a mejorar nuestra miseria de relación de con los
demás. He escuchado que la persona se enaltece cuando extiende sus manos para
ayudar al necesitado. El amor de Dios lo hacemos llegar a los demás cuando
damos limosnas, la caridad se hace acción, acción que sana y que ayuda, acción
que no es indiferente. La tradicional canción “Con nosotros está y no los conocemos” nos invita a pasar de largo.
Jesús le agrega el elemento necesario para que nuestra limosna sea perfecta: “No lo anuncien, no lo digan”. Tú
limosna debe quedar en lo escondido y sólo Dios sabe premiar lo escondido. En estos
tiempos se anuncia todo, se hacen rueda de prensa para anunciar donaciones, se
gritan con bocinas por las calles. Jesús nos invita a guardar nuestras acciones
para que el único que conoce su valor pueda premiarlas y ese es Dios.
Ø El ayuno: El ayuno nos ayuda mejorar nuestras miserias personales. El ayuno es
nuestro principal sacrificio personal de la Cuaresma. Debe brotar de la alegría
de seguir al Señor, y no de la tristeza de una obligación. Jesús nos dice: “Cuando ayunes, perfúmate, alégrate…”
Sólo Dios merece tu sacrificio, sólo Él debe notarlo, recuerda: “Sólo Dios premia lo secreto”. El ayuno
Fortalece la voluntad, nos da templanza frente a los deseos de la carne, nos
enseña a no ser flojos.
Con estos tres
ejercicios podemos fortalecer nuestra vida cristiana en esta cuaresma.
jueves, 4 de julio de 2013
El hombre puede y debe alcanzar la santidad
Para que el hombre alcance su plenitud, la santidad, debe realizar obras buenas, eligiendo libremente unirse a la voluntad de Dios.
El Concilio Vaticano II ha recordado que todos los hombres, sin excepción, están llamados a adquirir la santidad.
En efecto, Dios creó al hombre para que alcanzara su plenitud y su felicidad. Esta plenitud sólo puede alcanzarla el hombre poseyendo el bien sumo, que es el mismo Dios.
Dios es la misma bondad; por eso Dios es santo. En Él no hay nada sucio ni torcido, ni falso. En El no hay nada de mal. Por eso, el hombre alcanzará su plenitud haciéndose santo.
El camino para que el hombre alcance su plenitud, la santidad, es realizar obras buenas. Lo más importante para el hombre es, como decía Calderón de la Barca: «obrar bien, que Dios es Dios». (Gran teatro del mundo).
Obrar bien significa tener una conducta buena, unas costumbres buenas. No bastará con que obre bien alguna vez, sino habitualmente. A esa conducta se le llama moralmente buena. Por eso la Moral es el estudio de las costumbres humanas.
El hombre es un ser espiritual y material. Vive en el mundo material, del que forma parte, pero es superior a él por su espíritu. La espiritualidad se manifiesta en que es inteligente y libre. Esa libertad no es absoluta, pues entonces sería omnipotente, pero hace que el hombre pueda elegir, y ahí radica la moralidad de las acciones humanas: el hombre puede elegir bien o mal.
Dios al crearlo le impuso un mandato para que ejerciese su libertad. La ejercitaría bien, si lo cumplía, pues habría elegido lo bueno: lo que Dios quiere.
La posibilidad de pecar es un riesgo, pero no quita la grandeza del hombre, que es capaz de amar, de elegir el bien libremente, de unirse a la voluntad de Dios. Dios ha querido que el hombre pueda ser su amigo; «El hombre es la única criatura en la tierra que Dios ha amado por sí misma» (GS, 24), y San Pablo indica esta grandeza de la bondad divina: «Él nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que seamos santos ;e irreprochables por el amor» (Ef. 1, 4).
A la búsqueda de un ideal
Cada persona lleva dentro una imagen ideal de sí mismo, que le dice cómo debe ser. la realidad de cada día, sin embargo, es bien distinta: aparecen los fallos y las limitaciones. Entonces surge un sentimiento de vergüenza y de molestia por lo que uno "es, frente a lo que querría o debería ser. El hombre vive así en una lucha interior. Se encuentra dividido: -El bien que quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago- (Rom. 7, 19).
San Pablo ve en esta división una situación de esclavitud, propia del hombre apartado de la gracia de Dios: .Sé muy bien que no es bueno eso que habita en mí es decir, en mi carne; porque el querer lo bueno lo tengo a mano, pero el hacerlo, no. (Rom. 7, 18).El Antiguo Testamento nos habla de la Ley dada por Dios al pueblo de Israel. Ella muestra al pueblo el camino para el encuentro con Dios y con los hombres. Es un ideal moral y religioso: le dice a todo hombre cómo debe ser. (C.v.e., pág. 312)
¿En qué consiste la dignidad de la persona humana? En poseer una vida superior a los demás seres creados. El hombre puede conocer y amar, porque es inteligente y libre. Al afirmar la espiritualidad y la inmortalidad del alma alcanza la verdad más profunda de su ser (cf. GS, 14).
Esta dignidad de la persona humana tiene muchos aspectos, pero hay uno que es el más importante: el hombre es un ser moral. Ser moral quiere decir que es verdaderamente libre, es decir capaz de elegir. Ahí está el gran drama humano, puede elegir el bien o el mal. El hombre está hecho de forma que puede perfeccionarse o desgraciarse. La tendencia a la verdad y el bien es evidente, pero también lo es la existencia de errores y de pecados.
- Todo hombre está llamado a la santidad.
- La santidad es la plenitud y felicidad del hombre.
- El hombre, para alcanzar su plenitud, ha de obrar bien.
- El hombre posee una vida superior a la de los demás seres creados.
- El hombre puede conocer y amar.
- El hombre es un ser moral: por ser libre, es capaz de elegir entre el bien y el mal.
¿Cómo capta el hombre el bien y el mal?
Todos y cada uno de los hombres pueden captar el bien en lo más profundo de su conciencia. la voz de la conciencia resuena en su interior advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal.
Existe una conciencia general que indica los primeros principios: Haz el bien y evita el mal. Todos los hombres coinciden en estos principios generales. Esta coincidencia procede de que todos los hombres han sido creados por Dios. Después existe una conciencia práctica que desciende a juzgar la bondad o maldad de las acciones concretas, por ejemplo, no matar, no mentir, honrar a los padres, trabajar, ser sincero, etcétera.
Así como en la conciencia general todos los hombres coinciden, en la conciencia práctica pueden disentir incurriendo en error. Esto es así porque la conciencia puede estar obscurecido por la ignorancia, y, sobre todo, por el pecado. El pecador que no quiere rectificar sus errores o se ha acostumbrado a sus pecados, busca justificarse diciendo que es bueno lo que es malo. Este es el camino de la degradación de la dignidad humana, y así será posible justificar la violencia, la mentira, la impureza, la deslealtad, etcétera.
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