lunes, 26 de mayo de 2014

Ganadores del Tombolazo "Por amor a mi sacerdote"






El lunes 26 de mayo se realizó el Tombolazo "Por amor a mi sacerdote", en la Parroquia Sagrada Familia de Hatillo Palma. Aquí publicamos la lista de los Ganadores. Felicidades a todos.
Nombre
Artículo
Boleto
Parroquia
Fausta Guzmán
Biblia
5964
Villa Elisa
Inoelia Báez
Biblia
0117
Loma de Cabrera
Dilenia Inoa
Biblia
3384
Catedral 
Confesora
Abanico
1154
Villa Los Almácigos
Kelvin Madera
Abanico
5471
Amina
Sociedad F. M.
Abanico
5524
Las Matas.
Irene Torres
Licuadora
5765
Hatillo Palma
Ángel Hernández
Licuadora
2719
Esperanza
Cecilia Mezquita
Licuadora
2757
Monción
Reina Durán
Radio de Pilas
5462
Amina
Trinidad Tavares
Radio de Pilas
4003
Laguna Salada
Margarita Rodríguez
Plancha
1777
El Pino
Rafael Castro
Plancha
0997
Villa Vásquez
Jorge Rodríguez
Plancha
2330
Cristo Rey
Josefina Suero
Televisor
4582
Guayubín
Elsa Rodríguez
Televisor
3810
Catedral
Enriqueta M. Torres
Estufa de Mesa
5299
Cana Chapetón
Lissett Chávez
Estufa de Mesa
3990
Laguna Salada
Alida Infante
Estufa de Horno
5361
Guatapanal
Josefina Madera
Lavadora
2534
Monción
Yuberkis Fernández
Lavadora
2273
Cristo Rey
Emilia Santana
Nevera
3703
Guatapanal
Carmen R. Rodríguez
Nevera
4775
Guayubín

miércoles, 5 de marzo de 2014

Homilía del Miércoles de Cenizas



Homilía del Miércoles de Cenizas
Hermanos y Hermanas llegamos al Miércoles de Cenizas, con este día iniciamos la Cuaresma. La Cuaresma son 40 días de oración, de ayuno, de limosna, de sacrificios, de intensidad… El papa Francisco en el mensaje que nos dirige para esta Cuaresma 2014 nos dice: Dios “se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (Cfr. 2 Cor 8,9).
La pobreza nos libera, nos comunica la mayor riqueza de Dios: Cristo. La señal de la cruz con cenizas nos devuelve a la pobreza. La persona humana busca la riqueza material, quiere salir de la pobreza de marginación social, exclusión y explotación del mundo materialista. Pero la búsqueda de la riqueza material no da al hombre la verdadera alegría. El papa Francisco nos dice “No vivir como hijos de Dios, no vivir como hermanos en Cristo, esas son las verdaderas miserias del hombre y de la mujer de hoy”. Este mensaje entra en sintonía con el Profesa Joel, no son las vestiduras que hay que rasgar, es el corazón. Es dejar de vivir de apariencias, y vivir una fe auténtica, una fe intensa.
Nuestras actitudes demuestran grandes miserias. Miserias en nuestra relación con Dios, miserias en nuestra relación con los demás y miserias en nuestra relación consigo mismo.
Por todos es sabido que los atletas aumentan la intensidad para obtener mejores resultados, así en esta cuaresma vamos a aumentar la intensidad de la oración, de la limosna y del ayuno para mejorar las miserias de nuestra vida. Con estos tres ejercicios podemos vivir la intensidad de nuestra vida cristiana.
Ø  La oración: La oración nos ayuda a mejorar nuestra miseria de relación con Dios. Jesús nos invita a orar, y nos da el elemento esencial de toda oración: la autenticidad. “Cuando vayas a orar entra a tu cuarto”, busca lo secreto y tu Padre está en lo secreto. Dios está en lo escondido: Sagrario, Rosario, Vía Crucis, etc. La oración nos descubre la profundidad de Dios. Intensifiquemos la oración como nuestro primer ejercicio de Cuaresma.
Ø  La limosna: La limosna nos ayuda a mejorar nuestra miseria de relación de con los demás. He escuchado que la persona se enaltece cuando extiende sus manos para ayudar al necesitado. El amor de Dios lo hacemos llegar a los demás cuando damos limosnas, la caridad se hace acción, acción que sana y que ayuda, acción que no es indiferente. La tradicional canción “Con nosotros está y no los conocemos” nos invita a pasar de largo. Jesús le agrega el elemento necesario para que nuestra limosna sea perfecta: “No lo anuncien, no lo digan”. Tú limosna debe quedar en lo escondido y sólo Dios sabe premiar lo escondido. En estos tiempos se anuncia todo, se hacen rueda de prensa para anunciar donaciones, se gritan con bocinas por las calles. Jesús nos invita a guardar nuestras acciones para que el único que conoce su valor pueda premiarlas y ese es Dios.
Ø  El ayuno: El ayuno nos ayuda mejorar nuestras miserias personales. El ayuno es nuestro principal sacrificio personal de la Cuaresma. Debe brotar de la alegría de seguir al Señor, y no de la tristeza de una obligación. Jesús nos dice: “Cuando ayunes, perfúmate, alégrate…” Sólo Dios merece tu sacrificio, sólo Él debe notarlo, recuerda: “Sólo Dios premia lo secreto”. El ayuno Fortalece la voluntad, nos da templanza frente a los deseos de la carne, nos enseña a no ser flojos.
Con estos tres ejercicios podemos fortalecer nuestra vida cristiana en esta cuaresma.

jueves, 4 de julio de 2013

El hombre puede y debe alcanzar la santidad

Para que el hombre alcance su plenitud, la santidad, debe realizar obras buenas, eligiendo libremente unirse a la voluntad de Dios.
 El Concilio Vaticano II ha recordado que todos los hombres, sin excepción, están llamados a adquirir la santidad.
En efecto, Dios creó al hombre para que alcanzara su plenitud y su felicidad. Esta plenitud sólo puede alcanzarla el hombre poseyendo el bien sumo, que es el mismo Dios.
Dios es la misma bondad; por eso Dios es santo. En Él no hay nada sucio ni torcido, ni falso. En El no hay nada de mal. Por eso, el hombre alcanzará su plenitud haciéndose santo.
El camino para que el hombre alcance su plenitud, la santidad, es realizar obras buenas. Lo más importante para el hombre es, como decía Calderón de la Barca: «obrar bien, que Dios es Dios». (Gran teatro del mundo).
Obrar bien significa tener una conducta buena, unas costumbres buenas. No bastará con que obre bien alguna vez, sino habitualmente. A esa conducta se le llama moralmente buena. Por eso la Moral es el estudio de las costumbres humanas.
El hombre es un ser espiritual y material. Vive en el mundo material, del que forma parte, pero es superior a él por su espíritu. La espiritualidad se manifiesta en que es inteligente y libre. Esa libertad no es absoluta, pues entonces sería omnipotente, pero hace que el hombre pueda elegir, y ahí radica la moralidad de las acciones humanas: el hombre puede elegir bien o mal.
Dios al crearlo le impuso un mandato para que ejerciese su libertad. La ejercitaría bien, si lo cumplía, pues habría elegido lo bueno: lo que Dios quiere.
La posibilidad de pecar es un riesgo, pero no quita la grandeza del hombre, que es capaz de amar, de elegir el bien libremente, de unirse a la voluntad de Dios. Dios ha querido que el hombre pueda ser su amigo; «El hombre es la única criatura en la tierra que Dios ha amado por sí misma» (GS, 24), y San Pablo indica esta grandeza de la bondad divina: «Él nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que seamos santos ;e irreprochables por el amor» (Ef. 1, 4).
A la búsqueda de un ideal
Cada persona lleva dentro una imagen ideal de sí mismo, que le dice cómo debe ser. la realidad de cada día, sin embargo, es bien distinta: aparecen los fallos y las limitaciones. Entonces surge un sentimiento de vergüenza y de molestia por lo que uno "es, frente a lo que querría o debería ser. El hombre vive así en una lucha interior. Se encuentra dividido: -El bien que quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago- (Rom. 7, 19).
San Pablo ve en esta división una situación de esclavitud, propia del hombre apartado de la gracia de Dios: .Sé muy bien que no es bueno eso que habita en mí es decir, en mi carne; porque el querer lo bueno lo tengo a mano, pero el hacerlo, no. (Rom. 7, 18).El Antiguo Testamento nos habla de la Ley dada por Dios al pueblo de Israel. Ella muestra al pueblo el camino para el encuentro con Dios y con los hombres. Es un ideal moral y religioso: le dice a todo hombre cómo debe ser. (C.v.e., pág. 312)
¿En qué consiste la dignidad de la persona humana? En poseer una vida superior a los demás seres creados. El hombre puede conocer y amar, porque es inteligente y libre. Al afirmar la espiritualidad y la inmortalidad del alma alcanza la verdad más profunda de su ser (cf. GS, 14).
Esta dignidad de la persona humana tiene muchos aspectos, pero hay uno que es el más importante: el hombre es un ser moral. Ser moral quiere decir que es verdaderamente libre, es decir capaz de elegir. Ahí está el gran drama humano, puede elegir el bien o el mal. El hombre está hecho de forma que puede perfeccionarse o desgraciarse. La tendencia a la verdad y el bien es evidente, pero también lo es la existencia de errores y de pecados.
- Todo hombre está llamado a la santidad.
- La santidad es la plenitud y felicidad del hombre.
- El hombre, para alcanzar su plenitud, ha de obrar bien.
- El hombre posee una vida superior a la de los demás seres creados.
- El hombre puede conocer y amar.
- El hombre es un ser moral: por ser libre, es capaz de elegir entre el bien y el mal.
¿Cómo capta el hombre el bien y el mal?
Todos y cada uno de los hombres pueden captar el bien en lo más profundo de su conciencia. la voz de la conciencia resuena en su interior advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal.
Existe una conciencia general que indica los primeros principios: Haz el bien y evita el mal. Todos los hombres coinciden en estos principios generales. Esta coincidencia procede de que todos los hombres han sido creados por Dios. Después existe una conciencia práctica que desciende a juzgar la bondad o maldad de las acciones concretas, por ejemplo, no matar, no mentir, honrar a los padres, trabajar, ser sincero, etcétera.
Así como en la conciencia general todos los hombres coinciden, en la conciencia práctica pueden disentir incurriendo en error. Esto es así porque la conciencia puede estar obscurecido por la ignorancia, y, sobre todo, por el pecado. El pecador que no quiere rectificar sus errores o se ha acostumbrado a sus pecados, busca justificarse diciendo que es bueno lo que es malo. Este es el camino de la degradación de la dignidad humana, y así será posible justificar la violencia, la mentira, la impureza, la deslealtad, etcétera.

Oración al Sagrado Corazón de Jesús

Oración al Sagrado Corazón de Jesús para una grave necesidad (rezar por tres días). Oh Divino Jesús que dijiste: «Pedid y recibiréis; b...