domingo, 12 de junio de 2011

O SI!... ¡O NO!

Culminamos, con esta gran Pascua del Espíritu Santo, los días en que hemos celebrado con gran alegría los días siguientes a la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Si estos cincuenta días pascuales han servido para ensanchar más nuestras almas y para llenarnos de la vida que nos ha traído Cristo, podemos decir que –no solamente lo hemos celebrado-- sino que, además lo hemos vivido y sentido. ¡Feliz Pascua de Pentecostés! ¿Sí o… no? ¿Convencidos o confusos? ¿Decididos o con el freno en el pedal de nuestras perezas o cobardías? ¿Sí o no? ¿Abiertos a los tiempos nuevos o cerrados en nuestros esquemas? ¿Llevando con nosotros a Cristo allá donde vamos o dejándolo en el rincón de nuestra intimidad? ¿Si…o no?
1.-Desde El, con el Espíritu Santo, percibimos todos estos misterios. Con El, con el Espíritu, entramos de lleno a formar parte de la gran familia de los hijos de Dios; El es quien nos empuja para entrar en comunión plena con Dios y, el Espíritu Santo, nos hace comprender y entender las huellas de Dios en el marco de nuestra vida.
En medio del desconcierto, que a veces lo tenemos, el Espíritu Santo nos serena. Nos hace “contar hasta diez” antes de tomar ciertas decisiones; nos infunde valor cuando tenemos miedo a enfrentarnos a ellas; nos llena de su inteligencia o sabiduría cuando se nos requiere nuestra palabra o consejo.
Sí; el Espíritu Santo es el gran protagonista de nuestra Iglesia. La sostiene y la dinamiza, la traspasa con su fuerza poderosa y transformadora y, sobre todo, le hace estar en un permanente estado de gracia haciéndole experimentar que es Dios, y no ella misma, quien lleva adelante la obra evangelizadora.
2.- Desde El y con El, con el Espíritu Santo, nos llenamos de la piedad de Dios. No podemos vivir huérfanos, aislados de su presencia. Con la oración sentimos que el Espíritu Santo nos hace escalar a las cimas más altas de la perfección cristiana: ¡estar y vivir con Dios! Sin este auxilio del Espíritu Santo nos faltaría identidad en nuestras acciones, luz en nuestros caminos y claridad en nuestro apostolado.
3.- El Papa Benedicto XVI, en su viaje reciente a Zagreb ante la mediocridad de la fe afirmaba “No nos hagamos ilusiones. O somos católicos o no lo somos”. Sólo con el Espíritu Santo podemos ser fuertes, como cristianos y como católicos, ante diferentes realidades que intentan desangrar, descafeinar o desvirtuar la esencia de nuestra vida cristiana. Ante lo indefinido o el riesgo a separar el evangelio de la Iglesia o a Cristo de la Iglesia, el Espíritu Santo nos garantiza y nos exige la común unión para que, lejos de dividirnos, busquemos la potencia en la hermandad.
4.- Ojala que Pentecostés, además de vida e ilusión, nos aporte una gran dosis de fortaleza: para seguir adelante en el duro combate de nuestra fe. Para que no caigamos en el pesimismo o en la sensación de que, creer, ya no merece la pena o que, si creemos, hay que hacerlo en el ámbito privado y lejos del testimonio público.
Que el Señor nos conceda, en esta Pascua de Pentecostés, su Santo Espíritu para que podamos vivir, morir y resucitar un día con El. ¿Sí o no? ¿Recibimos el Espíritu Santo?
5.- CON TU ESPÍRITU SANTO, SEÑOR
Gritaré que, el Amor con mayúsculas tiene un nombre:
¡Padre!
Que El me acompaña desde la eternidad y que,
un día como a Ti Jesús,
me aguarda para darme un abrazo de fiesta y definitivo

CON TU ESPÍRITU SANTO, SEÑOR
Cantaré el gozo de haber compartido mi vida contigo,
la fuerza que tus Palabras han dejado por el camino de mi vida,
la ilusión de haberte conocido animándome en mi tristeza,
levantándome en mis caídas y dándome Vida
donde yo sólo creía hallar la muerte

CON TU ESPÍRITU SANTO, SEÑOR
Sentiré y proclamaré que soy de los tuyos
que, en tu Iglesia, me siento llamado a dar y recibir
dones y carismas, caridad y alegría,
perdón y humildad, comprensión y compañía.

CON TU ESPÍRITU SANTO, SEÑOR
Iluminaré las entrañas de mi corazón, y luego,
llevaré esa luz a los que se hallan en tinieblas
a los que, hace poco o mucho tiempo,
dejaron de respirar el oxigeno de tu Santo Espíritu
sumergiéndose en una atmósfera sin sentido

CON TU ESPÍRITU SANTO, SEÑOR
Me sentiré niño, y abriéndome como un pequeño,
sabré que es mucho lo que me espera:
respirar aires de infinitud
vivir como quien nace de nuevo
caminar sabiendo que tengo un compañero a mi lado
mirar a los cielos con ojos bien abiertos
soñar… con un final de mis días en tus manos.
CON TU ESPÍRITU SANTO, SEÑOR
Hablaré, y no callaré sobre TI
Me entregaré, para nunca más cerrarme
Avanzaré, sin echar la mirada hacia atrás
Cantaré, aun a riesgo de quedar afónico
entonando que, al fondo de todo, vives y permaneces Tú.
CON TU ESPÍRITU SANTO, SEÑOR

sábado, 4 de junio de 2011

HOMILIA DEL DOMINGO: AHORA NOS TOCA A NOSOTROS

1.- ¿Que hacéis mirando al cielo? La "ascensión" de Jesús al cielo significa que Jesús se ha liberado de las ataduras de este mundo y ha hecho posible, con su muerte y glorificación, que el mismo mundo y los hombres puedan liberarse, es decir ser hijos de Dios. Se va al Padre, para que nosotros vivamos con los hermanos. Se va y se queda para infundirnos su espíritu y enrolarnos en su causa. No es hora de andar con contemplaciones. Es la hora de salir a la plaza pública, de recorrer los caminos y las ciudades para dar a todos la Gran Noticia. La oración y la contemplación, indispensables en la vida cristiana, sólo tienen sentido como alimento de la fe, para que nuestras obras sean las obras de la fe, y no la de los intereses o conveniencias. Creer en la ascensión de Jesús no es quedarse con la boca abierta y los brazos cruzados. Es entrar en acción, es hacerse cargo de la misión recibida, es poner a trabajar la esperanza hasta que el Señor vuelva y se manifieste la gloria de los hijos de Dios. Si le seguimos con la cruz a cuestas llegaremos a la gloria: por la cruz a la luz.
2.- “Espíritu de sabiduría y revelación". En la segunda lectura de hoy, San Pablo pide para los fieles de Éfeso "espíritu de sabiduría y revelación" para conocer la esperanza a la que hemos sido llamados, la herencia de la que somos hechos partícipes y el poder de Dios que se manifestó poderosamente en Cristo, en su Resurrección y Ascensión, y que actúa ahora en nosotros. El Padre es el principio del misterio de salvación y es también aquél de quien puede venirnos la inteligencia de ese misterio. Esperemos que la oración de San Pablo alcance también para nosotros la luz que necesitamos para comprender lo que hoy celebramos, para que nos ayude a comprender la gran esperanza, para que nos haga ver el poder de Dios que se manifiesta en Jesús.
3.- Jesús nos encomienda una misión: “ID y haced discípulos”. La Iglesia vive para evangelizar. La gran tarea que surge con la ascensión del Señor es la de ir al mundo y hacer discípulos. Ese es el encargo que recoge Mateo. Y es también el que transmite el Libro de los Hechos describiendo la ascensión, para centrarse enteramente después en la predicación de Pedro, Pablo y los apóstoles. El mundo es nuestra responsabilidad y los hombres son nuestros interlocutores. La Iglesia no es un círculo de creyentes, sino un movimiento de acercamiento a todos para que puedan creer. Lo importante de la Iglesia no es ella, sino Jesús, y la misión confiada por Jesús. Y esa misión es evangelizadora, animadora, motivadora. Frente a tanta mala noticia, el hombre necesita más que nunca la Buena Noticia. No se trata de censurar a los otros, ni de condenar a nadie, sino de hacer posible y gozosa la salvación de todos, ayudando a todos a descubrir en el mundo y en la vida la huella de Dios. En la Iglesia y a través de ella podemos encauzar nuestras iniciativas y encontrar aliento en nuestros esfuerzos. Solos podemos hacer bien poco, pero como Iglesia y en la Iglesia podemos hacer muchísimo. La estructura y las organizaciones y movimientos eclesiales pueden y deben ser los vehículos que canalicen todos nuestros esfuerzos. No podemos hacer todos, todo; pero entre todos, con todos, podemos hacer todo lo que Jesús nos ha encomendado. Si estamos bautizados, ¿por qué no estamos dispuestos a realizar la tarea de la fe? ¿Por que no pasamos del rito al reto de la construcción del Reino?

viernes, 3 de junio de 2011

CONSAGRACIÓN AL ESPÍRITU SANTO


Recibe, ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que te hago en este día para que te dignes ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones: mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza y todo el Amor de mi corazón.
Yo me abandono sin reservas a tus divinas operaciones y quiero ser siempre dócil a tus santas inspiraciones.
¡Oh Espíritu Santo!, dígnate formarme con María y en María según el modelo de vuestro amado JESÚS.
Gloria al Padre Creador; Gloria al Hijo Redentor; Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

sábado, 28 de mayo de 2011

CRISTO ES NUESTRA VERDAD

1.- Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. Cuando decimos que Cristo es nuestra verdad no nos referimos a la verdad científica física o química, sino a la verdad de nuestra vida, a la verdad de nuestro espíritu. Científicamente, nuestra condición de cristianos no nos hace más sabios que los no cristianos, ni mejor informados sobre el universo y las cosas. Pero el Espíritu de la verdad que habita en nosotros sí nos da un mayor y mejor conocimiento de Dios nuestro Padre. El cristiano que vive en Cristo y por Cristo vive unido al Padre y, aunque en esta vida de manera imperfecta, conoce la voluntad del Padre, sabe caminar y conducirse por el camino del Padre y actúa de acuerdo con la verdad del Padre. En este sentido, los cristianos decimos que Cristo es nuestra verdad. El mundo, en cuanto tal, “no ve, ni puede recibir el Espíritu de la verdad”, porque no camina por el camino de Cristo. Tampoco los cristianos, por el simple hecho de estar bautizados y llamarnos cristianos, poseemos el Espíritu de la verdad. La condición que nos pone el mismo Cristo para recibir su Espíritu es que le amemos y que guardemos sus mandamientos. El mandamiento de Cristo ya sabemos cuál es: amar a Dios y al prójimo sobre todas las cosas. Por desgracia, muchos de los que nos llamamos cristianos no amamos a Dios y al prójimo sobre todas las cosas, sino que amamos más al dinero, al poder, al éxito social, a los bienes materiales, a nosotros mismos. Amar a Dios y guardar los mandamientos de Cristo no es sólo, ni principalmente, decirlo de palabra, sino vivir como Cristo vivió, vivir guiados por el Espíritu de Cristo. Si vivimos guiados por el Espíritu de Cristo “el Padre nos amará y Cristo también nos amará y se revelará a nosotros”. Un bello mensaje del evangelio de este domingo, según san Juan.
2.- La ciudad se llenó de alegría. Nos dice el autor de los Hechos que la gente de la ciudad de Samaría “escuchaba con aprobación lo que decía Felipe”, el diácono, y que se llenó de alegría al ver los signos que hacía. Este es el objetivo que debemos tener todos los cristianos cuando anunciamos el evangelio con nuestras apalabras y con nuestros hechos. Hablamos para convencer a la gente de la verdad del evangelio que predicamos y para ayudarles con nuestras palabras y con nuestras obras a ser más buenos y felices. Si la gente que nos escucha no queda convencida de la verdad de lo que decimos y de la bondad de lo que hacemos no seguirá escuchándonos mucho tiempo. El mensaje del evangelio sólo producirá alegría en los que lo escuchan cuando estos vean que lo que decimos y lo que hacemos es bueno y beneficioso para ellos. Nosotros normalmente no podemos hacer milagros, ni curar enfermos, pero sí podemos ayudar a la gente a ser más feliz y a superar muchas dificultades internas y externas. Para esto debemos predicar un evangelio que sea de verdad <evangelio>, es decir, buena noticia para los que nos escuchan.
3.- Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere. La razón de nuestra esperanza, de la que habla aquí el apóstol Pedro, es nuestra fe en Cristo resucitado. Sabemos que si acompañamos a Cristo en su vida tenemos derecho a esperar que también le acompañáramos en su muerte y resurrección. Este nuestra esperanza debe dar fuerza y firmaza a nuestra fe en la resurrección de Cristo. Como nos dice también San Pedro debemos hablar y actuar siempre “con mansedumbre y respeto y buena conciencia, para que en aquello mismo en que somos calumniados queden confundidos los que denigran nuestra buena conducta en Cristo”. Hoy, más que ayer, sabemos los cristianos que no todos los que nos vean y nos escuchen van a aceptar el mensaje de nuestra esperanza, sino que muchos nos denigrarán. Esto no debe desanimarnos, ni debilitar la firmeza de nuestra fe y de nuestra esperanza, porque, como también sigue diciéndonos el apóstol Pedro, “mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal”.

lunes, 23 de mayo de 2011

Explicación de la Santísima Trinidad

La Santa Trinidad: El que intente de entender la Trinidad completamente, perderá su mente, pero el que rechaze la Trinidad perderá su alma.

¿Cómo puede el hombre comprender completamente la composición infinita de DIOS cuando él no puede comprender su propio composición finita?: **Gn. 1:26-27, 3:22, *Gn. 11:7, Dt. 6:4, Is. *6:3, 8, 9:6-7, Sal. 2:7, Mt. 3:16-17, 10:20, 17:5, 28:19, Mr. 1:9-11, Lc. 1:35, 3:21-22, Jn. 3:35-36, 14:26, 15:26, Hch. 5:3-4, *Hch. 17:29 (KJ) Ro. 1:20, *1 Co. 12:4-6, *2 Co. 3:17, *2 Co. 13:13, Ef. 1:2, Col. 2:9, Fil. 2:11, 1 Ts. 5:23-24, Tit. 2:13, **1 Jn. 5:7

La Santa Trinidad actúa en unidad y en bienaventuranza: Lc. 10:20, 1 Co. 15: toda, Fil. 3:21, Ap. 22:17

La Santa Trinidad está en la Sagradad Escritura:

1. Sólo hay más que un DIOS..................Ex. 3:14, *Dt. 6:4, Jn. 17:3
2. No hay otros dioses..............................Is. 43:10,44:6-8, 1 Co. 8:4-6
3. DIOS es el creador..............................Sal. 90:2, Is. 44:24, He. 3:4,11:3
4. El Padre es DIOS...............................1 Co. 8:4-6, 2 P. 1:17
5. El Padre es el Señor............................Gn. 2:8-9
6. El Hijo es DIOS..................................Jn. 1:1-3, Co. 1:16
7. El Hijo es el Señor..............................Jud. 4
8. El Espíritu Santo es DIOS................Job. 33:4, Hch. 5:3-4
9. El Espíritu Santo es el Señor.............2 Co. 3:17
10. Tres personas en un DIOS..................Gn. 1:26, Mt. 28:19, 2 Co. 13:14
11. Padre, Hijo, Espíritu Santo.............Mt. 3:16-17, Mr. 1:9-11, 1 Co. 12:4-6
12. Dioses falsos se perecerán...................Jer. 10:11

La Santa Trinidad (Tri-Unidad) Doctrina: en su perfil brusquísimo, 1 Jn. 5:7-8

1. En el único carácter divino, hay tres personas, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.
2. Ninguna de estas personas es de los otros, cada uno es totalmente Sí mismo.
3. El Padre es DIOS, el Hijo es DIOS, el Espíritu Santo es DIOS.
4. Ellos no son tres DIOSES pero un DIOS. Ellos NO están apartados. Donde está uno, todos están.
5. La Santa Trinidad, un DIOS, y tres personas divinas, funciona en una manera individual y aun así colectivo :
1 Co. 12:4-6.

Una Palabra (el Hijo) no existe sin un Orador (el Padre), y uno no puede ser un Orador sin un Aliento (el Espíritu Santo); así como la Palabra no puede existir sin un Aliento. De este modo DIOS actúa como uno. Él no envía el Hijo independientemente de la plenitud de el carácter divino. Es el Padre y el Hijo y el Espíritu el que está hablando. No puede ser de otra manera, ya que ELLOS son consubstancial en Sus divinidad

UNA EXPLICACIÓN SENCILLA:

Jesús dijo "El que me ve a Mí, ve al Padre"

Mira, no puedes decir ni creer que el Padre sea el Hijo, por que la misma naturaleza te lo demuestra:

NO hay Hijo si no hay un PADRE que lo engendró!!

Acaso el HIJO se engendra a sí mismo?? Por qué llamas a Jesús "El Hijo"???

No lo puedes llamar así amenos que El haya sido ENGENDRADO por otra PERSONA.

Como ves, el Padre y El Hijo son DOS personas DIFERENTES.

Pero después te dice una de esas dos personas, que El y su Padre son UNO.

Bien, está en tí si creerlo o no.

Así como

el hielo es agua
el vapor es agua
el líquido es agua

Aunque esos son TRES estados DIFERENTES; son LO MISMO: Agua.

Así el Padre es Dios
El Hijo es Dios
El Espíritu Santo es Dios

Son TRES personas DIFERENTES, pero son uno SOLO: DIOS.

Cuando te ves al espejo, dices "ese soy yo"

Y si, ese eres tu, ya que es tu IMAGEN.

Pero si eres más específico, esa IMAGEN que ves ante el espejo NO ERES TÚ, ya que la imagen está en el ESPEJO y tu estás en frente del espejo.

Bien, esa imagen es tu imagen y por eso puedes decir "ese soy yo", pero la imagen tal cual NO ERES TU, ya que eres tú quien genera la imagen.

Tu generas la imagen de tí mismo, la "engendras". Pero la imagen no eres tú, pero eres tu.

Me entiendes.


Así el Padre engendra al Hijo y por eso son dos personas diferentes, pero el que me ve a Mí, ve al Padre.

viernes, 20 de mayo de 2011

Cristo manifestó que el Padre sabe la hora de su Segunda Venida (Mr. 13:32)

Sectas como los Testigos de Jehová, los Cristadelfos, los Unitarios (liberales) y religiosos como los musulmanes, pretenden desestabilizar la doctrina de la Trinidad, la cual propone que las tres personas de la Deidad son omniscientes, señalando a Marcos 13:32, donde Jesús dice que nadie sabe, ni aun los ángeles, el día y la hora de la segunda venida de Cristo, excepto el Padre.

Los Unicitarios o Pentecostales del Nombre, a su vez, usan el mismo pasaje para "probar" que el Espíritu Santo no es mencionado porque en realidad es otro nombre para el Padre, tal como ellos lo enseñan en su herejía tan peculiar.

Con respecto a que Jesucristo no conoce la hora de su propia venida, suficiente es mencionar que durante su estadía aquí en la tierra, Jesús limitó el uso pleno de sus atributos de Deidad. Luego de su resurrección, sin embargo, cuando preguntó a Pedro "¿me amas?", éste finalmente le contestó: "Señor, tú lo sabes todo" (Jn. 21:15), Jesucristo no lo contradice, admitiendo de esa manera su omnisciencia, un atributo perteneciente a Dios solamente.

Una vez resucitado, las limitaciones autoimpuestas desaparecen, su Deidad ya no está encubierta y su humillación llega a un final. Todos sus atributos son ejercidos a plenitud, los mismos atributos que tuvo que velar por un tiempo durante su ministerio aquí en la tierra, pero que sin embargo se traslucieron y pudieron ser apreciados por los que convivieron con él.

Ahora bien, ¿qué podemos decir respecto al Espíritu Santo? Cuando Jesucristo dice que nadie sabe del día y la hora, ¿está incluido el Espíritu Santo en ese "nadie"?

En primer lugar, cuando aplicamos el principio hermenéutico que dice que la Escritura interpreta la Escritura, encontramos que ésta sí presenta al Espíritu Santo como omnisciente en el contexto general (Sal. 139:7; 1 Co.2:10-11). Y naturalmente, lo presenta como Dios en varios pasajes. Tomando en cuenta lo anterior, es evidente que Jesucristo no pudo haber incluido al Espíritu Santo en el radio de alcance de la palabra "nadie". Respecto a esta proposición, los eruditos toman diferentes posiciones para interpretar el verso:

1. Es posible que el Espíritu Santo haya, voluntariamente, al igual que la segunda Persona de la Trinidad, sufrido una kenosis (un vaciamiento voluntario) que lo llevó a no ejercer uso pleno de sus atributos durante el tiempo que estuvo ministrando aquí en la tierra junto con Jesucristo. De la misma forma que Cristo tuvo que velar su gloria a los efectos de que los hombres y el mundo material no fueran destruidos con su mera presencia, lo mismo hizo el Espíritu Santo.

2. Teniendo en cuenta 1 Corintios 2:10-11, donde se nos dice que:

a. El Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios (reclamo de omnisciencia).
b. El espíritu del hombre conoce las cosas del hombre, así como las cosas de Dios son conocidas por el Espíritu de Dios.

Se concluye que el Espíritu Santo está incluido implícitamente en la mención del Padre en Marcos 13:32, pero de ninguna manera es la misma persona que el Padre, como dicen los Unicitarios.

3. Jesucristo no menciona al Espíritu Santo ya que los discípulos aun no tenían un concepto claro y definido de su ministerio. Esto sería coherente con el principio bíblico de Revelación Progresiva. Los escritos de los apóstoles traerían nueva información o revelación acerca del Espíritu Santo así como lo hacen en diversos temas.

4. Ha sido acertadamente señalado que el término "nadie" (al igual que "ninguno") puede ser usado en sentido limitado como en esta descripción de Jesús, por ejemplo: "Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas, y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo (Ap. 19:12)". Es obvio que Juan no está diciendo que el Padre no conocía este nombre, ya que en la misma apertura de Apocalipsis se nos dice que todo el libro es la revelación de Jesucristo que el mismo Padre le dio (Ap. 1:1).

Personalmente nos inclinamos hacia la opción número 2, sobre todo cuando la reenforzamos con el Salmo 139:7: "¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?" El paralelismo en el idioma hebreo es rotundo en cuanto a que doquiera Dios esté presente, el Espíritu está presente. No podemos escaparnos de Dios y no podemos escaparnos del Espíritu. Esto significa que ambos son omnipresentes, y como la omnipresencia de Dios está ligada con su omnisciencia (v. 6), y teniendo en cuenta que si uno de los dos tiene un atributo "omni", por definición los tiene todos, concluimos que lo que sabe el Padre, lo sabe el Espíritu.

Concluimos que el pasaje de Marcos 13:32 no prueba que Cristo no es Dios, ni tampoco que el Espíritu Santo es la misma persona que el Padre. <>

martes, 17 de mayo de 2011

LA ALEGRÍA DE LA PASCUA

Después de narrar con detalle los sucesos de la Pasión y Muerte de Jesucristo, los evangelios nos transmiten la gran ALEGRIA PASCUAL de la Resurrección.

Esta alegría no sólo alcanza al hecho de que el Señor haya vuelto a la vida. La Resurrección de Jesús es un suceso ligado a los anteriores. Juntos constituyen lo que se llama el MISTERIO PASCUAL.

Así como la Pascua judía o «paso del Señor» rememoraba el momento en que los israelitas fueron liberados tanto de la esclavitud de los egipcios como de la muerte de los primogénitos, que Dios envió como castigo al Faraón y su pueblo, la nueva Pascua, la Pascua cristiana, es, ante todo, la liberación del hombre de la esclavitud del pecado.

Esta liberación la ha realizado Jesucristo por medio de su Pasión y Muerte en la Cruz y por su Resurrección de entre los muertos. Con ésta, se ha demostrado su poder divino no sólo sobre la muerte, sino también sobre las fuerzas del mal.


Por ello, los relatos de los días siguientes a la Resurrección rebosan alegría:

«El ángel habló a las mujeres: Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús crucificado. No está aquí: Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis ( ...) Filas se marcharon ( ... ) y llenas de alegría, corrieron a comunicarlo a sus discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: Alegraos» (Mt. 28, 5-9)
Cuando Jesús se aparece a sus discípulos después de su Resurrección, siempre les saluda con las palabras: «Paz a vosotros» La fe y la alegría pascual deben llevar a la paz: « Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.» (Jn. 20, 19-21).

Pero no se debe entender que la alegría pascual fue un estado de ánimo propio de un tiempo cercano a la Resurrección, sino que todo el Nuevo Testamento está como atravesado por esta actitud. Los cristianos tienen motivos para la alegría, que no son pasajeros, que no se basan en cosas de este mundo, sino en la participación ya aquí, en la tierra, de la vida nueva de Cristo.

San Pablo nos dejará muy diversos testimonios de esta dimensión característica del cristiano. Quizá entre todos ellos destaque el del capítulo tercero de la carta a los Filipenses: «hermanos míos, manteneos alegres en el Señor (... ) juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mí Señor, (... ) y conocerle a Él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a Él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (1-11).

Oración al Sagrado Corazón de Jesús

Oración al Sagrado Corazón de Jesús para una grave necesidad (rezar por tres días). Oh Divino Jesús que dijiste: «Pedid y recibiréis; b...