miércoles, 26 de septiembre de 2012

San Pablo igualmente se preocupa de que no se apaguen los carismas


"No apaguéis el Espíritu. No despreciéis las profecías. Examinad todo y quedaos con lo que es bueno. Abstenéos de todo mal." (1 Ts 5, 19-22) Pablo enseña constantemente que Dios actúa íntimamente y poderosamente en sus hijos, dándoles los dones necesarios para la misión. Minimizar la necesidad de los dones es también una forma de poner al hombre como un falso protagonista de la edificación de la Iglesia, usurpando el lugar de Dios y relegándolo a un cielo que estaría distanciado de la tierra.

Textos fundamentales:
1 Corintios, 12 – 14
Efesios, 3, 7; 4,7-13
Romanos, 12, 3-13
Al acercarnos a lo que dice S. Pablo sobre los carismas, llama la atención que estos tres textos (los que más extensamente hablan de ellos) coinciden en varias cosas:
- afirmar el carácter de don, de algo recibido gratuitamente
- señalar que la diversidad de carismas está al servicio de la unidad, y de la construcción de la comunidad cristiana
- utilizar la imagen del cuerpo.
Nos habla de una unidad viva, y que es más que la suma de sus partes. Una unidad en la que cada miembro se realiza viviendo para el todo. Una unidad, en definitiva, realizada por el Espíritu que anima ese cuerpo. Porque esta imagen del cuerpo alude en definitiva al Cuerpo de Cristo. La comunidad cristiana –y el grupo de oración, por tanto- forma ese Cuerpo, animado por el Espíritu Santo –el Espíritu de Jesús- para hacer presentes sus gestos, su palabra, su vida. 

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